Viajar nos llena la vida de imágenes, sabores, olores, rostros, amigos, muchas sensaciones y  experiencias. Viajar es conocer el mundo y entenderlo un poco más.

Llegar a un país totalmente desconocido donde no hablamos el idioma, donde no entendemos las tradiciones, donde posiblemente existen peligros, donde nos enfrentamos a nuevas dificultades.

No saber en que cama dormiremos, que personas vamos a conocer, que lugares vamos a ver, que comida vamos a probar o en que nos vamos a mover, son aspectos que definitivamente nos van a cambiar.

RETOS Y TRANSFORMACIONES AL VIAJAR

Con nuevos amigos de Holanda, Estados Unidos y Alemania. Isla del Sol – Lago Titicaca, Bolivia. 2014

Viajar definitivamente nos transforma, nos convierte en personas que con el tiempo nos van a sorprender. Con todos estos cambios vamos a ser:

Más sociables: tendremos que hablar con todo tipo de personas y relacionarnos con culturas y tradiciones que no entendemos. Conoceremos personas de todas las edades, de todas las razas, de diferentes creencias y con distintas formas de interpretar el mundo.

No todos los encuentros con las personas son positivos, pero el 98% de las veces conoceremos gente que aportará algo bueno a nuestra vida.

Más recursivos: viajar implica una larga dosis de trabajo. No se trata solo de estar en una playa con una cerveza en la mano. Viajar requiere planeación, análisis y una fuerte dosis de solución de problemas. Visas, tiquetes, alojamientos, presupuestos, entradas, comidas, vestido, empaque, entre muchos otros factores.

Las cosas no siempre salen como uno las espera o todos los lugares tendrán el clima perfecto. Es cuando algo sale mal en donde encuentras la capacidad para salir adelante y disfrutar el viaje.

Más seguros: cuando llegas a la cima de una montaña, cuando cruzas lugares remotos, cuando te pierdes en el camino, cuando te enfermas y sanas, cuando pasas una frontera o cuando conquistas tus peores miedos… esos sentimientos y experiencias nos hacen fuertes, nos llenan de seguridad y nos demuestran de lo que somos capaces.

Más adaptables: camas duras, vuelos retrasados, lugares sin luz, lugares sin internet, frío, calor, humedad, felicidad! No podemos esperar que el mundo se adapte a nuestros gustos, somos nosotros los que cambiamos para disfrutar del viaje, para salir adelante, para disfrutar todo como viene.

Más saludables: las presiones sociales, la rutina diaria y el estrés hacen que envejezcamos más rápido y que nuestra llama interior se apague. Los cuerpos se debilitan por ser sedentarios, por no tomar suficiente sol, por no respirar aire puro y por vivir encerrados.

No hablamos de estados perfectos. Ser saludable es un estado general: mente y cuerpo. Viajar definitivamente nos cambia y nos hace estar más cómodos con la persona más importante: nosotros mismos.

Más tranquilos: cuando hemos superado tantos errores y tantos contratiempos la vida nos pone en un estado más tranquilo. Aprendemos a ver que debemos ir con la corriente de la vida, sin apurar o presionar nada. Empezamos a entender que al final todo tiene una solución y a veces no está en nuestras manos.

Menos materialistas: si lo empacamos, lo cargamos. Esta es la regla general de viajar. Todo lo que llevemos ocupará espacio, tendremos que cuidarlo o tendremos que guardarlo. Menos es más… la simplicidad es la mejor herramienta para recorrer el mundo.

Más felices: al final viajar llenará la vida de cosas que no son materiales. Entenderás que no todos los habitantes del mundo tienen privilegios o que las sociedades son perfectas.

Viajar transforma la vida. Nos hace más humildes, más tranquilos y nos abre una nueva forma de ver al mundo y a todos los habitantes de la tierra.

Con todo esto es el momento de planear esa aventura, de comenzar a soñar con ese lugar y con echar a andar ese proyecto de vida!